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Alternativas urbanas y rurales para el siglo XXI

De las Comunidades Intencionales a las Ecoaldeas

A través de los 60´s, y hasta inicios de este nuevo milenio, han ido proliferando más y más una gran variedad de asentamientos, en los cuales todos los aspectos humanos, la habitación, la producción, el consumo, la organización del trabajo, el descanso, la vida social, el gobierno, la educación y la espiritualidad buscan integrarse de una manera más armoniosa y menos dañina para con el mundo y el entorno natural.

Las fuentes de inspiración vienen de diversas tradiciones de pensamiento y de experimentación como el socialismo utópico y libertario del siglo XIX que dio origen a múltiples tipos de comunidades igualitarias en distintos lugares del mundo y las comunidades religiosas de distintas culturas, como los ashrams en la India, los monasterios tibetanos o cristianos, los calpullis entre los aztecas, los ayllus andinos y docenas de asentamientos fundados en Norteamérica desde el siglo XVIII por grupos disidentes espirituales protestantes, letrados, shakers, amishes, que en algunos casos persisten hasta nuestros días.

También es importante recuperar como antecedentes los ejemplos de los países comunistas del siglo pasado, que tanto en la Unión Soviética, como en China y Cuba entre otros, fueron creados con bastante éxito en muchos casos, al menos desde el punto de vista económico. Distintos modelos de granjas colectivas, koljós, sovjós y comunas rurales, como opciones, tanto productivas como sociales de agrupación humana, han también logrado sobrevivir a todos los enormes cambios producidos por sus posteriores desarrollos históricos.

Dentro de esas mismas corrientes, al crearse el estado de Israel en 1949, una gran cantidad de grupos sionistas, religiosos, socialistas,  comunistas judíos, desplazados de Europa debido a las persecuciones nazis, comienzan a crear un nuevo tipo de asentamiento a lo largo y ancho del territorio, en los años 50´s sobre todo para sustentar la independencia del nuevo estado y por motivaciones espirituales e ideológicas, buscando crear un nuevo tipo de sociedad más sana y sustentable. Nacen así los kibbutz y los moshavs, comunidades agrícolas de intención. Actualmente, muchos de los nuevos asentamientos más bien cumplen desafortunadamente  una función de ocupación de territorios de los países árabes y palestinos vecinos.

Todos estos modelos ofrecen apoyo a que el desarrollo humano se realice de una manera saludable, sustentable y sostenible, permitiéndonos pensar en la posibilidad de que los mismos puedan continuar indefinidamente en el futuro. Muchos de esos pequeños centros de experimentación social han logrado no tan solo sobrevivir los difíciles años de prueba, sino que a últimas fechas, -con la crisis de la mayor parte de los megaproyectos-, han comenzado a ser internacionalmente reconocidos como modelos viables de crecimiento humano.

En efecto, las llamadas Comunidades Alternativas, o Comunas Integrales, Centros de Experimentación Vivencial, laboratorios de utopía, kibbutzes, moshavs, granjas colectivas, ashrams y Comunidades Intencionales, sobre todo las fundadas a partir de los años ochentas y noventas, hoy en día son considerados, aún por los gobiernos de algunos países, como un terreno muy fértil de experimentación y como centros de entrenamiento donde sus integrantes no tienen temor de poner a prueba nuevas ideas, formas de vida, técnicas y tecnologías que eventualmente podrán ser integradas al resto de la sociedad.

Ejemplos de esto lo podemos encontrar en la Federación de Comunidades Intencionales (Fellowship for Intentional Communities o FIC) originada por una red de grupos inspirados por la filosofía conductista de B.F. Skinner.

Otra red de proyectos alternativos nació a principios de los 1970´s. simultáneamente en los alrededores de San Francisco, California y en los llamados Montes Ozarks en el centro de los Estados Unidos, que se agrupó  bajo el nombre de Congreso Biorregional de Norteamérica (NABC) y que  mantiene en contacto a centenares de individuos, organizaciones e instituciones comprometidas con la construcción de un modelo de crecimiento armónico y sustentable a nivel biorregional y planetario.

El biorregionalismo como movimiento de recuperación de la conciencia de rehabitar, ser partes y ser responsables del sitio donde vivimos, durante los últimos treinta años ha ido creciendo a través de toda Norteamérica, incluyendo Canadá y México, y cuenta con una red cada vez más amplia de grupos, revistas, proyectos, directorios y movimientos afines en Sudamérica, Europa, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Australia.

Igualmente tenemos el caso de la llamada Nación del Arcoiris, movimiento social comunitario nacido a principios de la década de los setenta, heredero de la generación y movimiento hippie de los años sesenta y que a casi cuarenta años de su fundación en los Estados Unidos, se ha extendido hoy en día a Canadá, México, Brasil, Guatemala, Costa Rica, Bolivia, Chile, Argentina, a toda Europa incluyendo Rusia y la mayor parte de los países de Europa Oriental, a Israel, Sudáfrica, la India, Turquía, Nueva Zelanda y Australia.

En Latinoamérica, uno de los grupos que ha sido pionero en la búsqueda de nuevos modelos sociales alternativos es la Comunidad del Sur, fundada en Uruguay en 1965, que continúa existiendo y forma parte de la Red de Comunidades Intencionales Uruguayas llamada “7 Generaciones” cuyo objetivo es dejar un mundo mejor a las generaciones venideras con experiencias tanto en medios rurales como semi-urbanos y urbanos, que tienden a encontrar formas de vida que sirvan de transición hacia un gran cambio social donde la sustentabilidad sea uno de los aspectos primordiales del nuevo paradigma.

En Brasil, el movimiento de comunidades intencionales tiene sus orígenes a mediados de los setenta, cuando se creó la red ABRASCA (Asociación Brasileira de Comunidades Alternativas) y comenzaron a realizar en distintos estados encuentros organizados por comunidades miembros de esa red, en que los participantes conviven por una semana en un campamento ecológico en medio de la naturaleza, dedicándose a debatir y aprender de temas como agricultura ecológica, sustentabilidad, educación integral, terapias alternativas, salud a través de la alimentación, energía solar, tecnologías limpias y mejoras al medio ambiente.

Otro caso de gran interés para este creciente movimiento de conciencia ecológica en Sudamérica tuvo lugar en una pequeña ciudad llamada Bahía de Caraquez, no lejos de Quito, Ecuador. En el año de 1998, como consecuencia de una serie de catástrofes naturales, lluvias torrenciales a causa del efecto del Niño, avalanchas, deslaves y temblores, Bahía fue decretada zona total de desastre.

Con el apoyo de varias fundaciones pertenecientes a la red Biorregional de las Américas, y en especial de la Planet Drum Foundation de San Francisco, el Centro de Educación Ambiental Eco-Bahía inició sus trabajos de reforestación, y reconstrucción con tal éxito, que en el mes de febrero de 1999 convocó y llevó a cabo un Eco-Encuentro internacional, que concluyo con la creación histórica de la primera eco-municipalidad y la primera Ciudad Verde del sur del continente. El mismo título ya se le está aplicando a los poblados de Cotacachi, también en Ecuador y Curitiba en el Brasil.

Cerca de 6.000 representantes de muchas de estas nuevas comunidades y proyectos alternativos de todas las distintas redes del mundo, tuvieron la oportunidad de encontrarse por primera vez y conocer sus mutuas propuestas en Brasil, en el año 1992, cuando la Organización de Naciones Unidas (ONU), convocó a los líderes políticos de todo el mundo al Environmental Earth Summit (la Cumbre de la Tierra, nota de la autora), el famoso RIO 92, en el que estos se comprometieron a organizar programas que llevarían a la humanidad hacia la sustentabilidad en el siglo XXI.

Si bien el Encuentro de Río no fue muy conducente para llegar a un consenso entre los gobiernos en tópicos fundamentales para que las propuestas de la llamada AGENDA 21 pudiera implementarse, docenas de integrantes de los asentamientos a escala humana, que desde entonces comenzaron a ser conocidos como Ecoaldeas o Ecovillas decidieron continuar en contacto comunicándose entre sí, para comenzar a crear algún tipo de red informal e internacional.

Por varias décadas, la mayor parte de estos tipos de nuevos asentamientos habían estado creciendo aislados los unos de los otros, enfrentando cada uno por sí mismo los enormes retos de crear un modelo distinto en medio de una sociedad mono cultural, cada vez más global, homogénea y totalizante. Sin embargo, en diferentes ocasiones, se llevaron a cabo intentos por lograr unificar o al menos crear una red mundial que facilitase el intercambio y el poyo mutuo entre dichos proyectos y luego de varios intentos surge la Red Global de Ecoaldeas (Global Ecovillages Network o GEN).

En el año 1995 GEN incluía ya a nueve comunidades-oficina: la Comunidad Findhorn en Escocia; The Farm en Tennessee, Estados Unidos; Lebensgarten en Alemania; Crystal Waters en Australia; Ecoville en San Petesburgo, Rusia; Gyürüfü en Hungría; el Proyecto Ladakh en India; el Instituto Manitou en Colorado, Estados Unidos y la Asociación de Ecoaldeas de Dinamarca, que fueron escogidas como integrantes semilla, tanto por razones geográficas, como por la conciencia ecológica y espiritual de sus integrantes, por sus logros y por sus contactos con otras experiencias similares en la biorregión en que están ubicadas.

En octubre de 1995, este grupo colaboró en la coordinación de una conferencia internacional sobre “Ecoaldeas y Comunidades Sustentables” en Findhorn, que reunió a más de 400 personas de cuarenta países, representando a centenares de proyectos alternativos en distintos grados de evolución y con distintas historias cada uno. A raíz de este histórico encuentro, y constatándose el enorme interés que el concepto despertaba, el movimiento mundial de Ecoaldeas empezó a expandirse inmensamente.

Actualmente, existen tres Secretariados Internacionales de GEN: uno para Oceanía, Asia y Sudáfrica con sede en Australia, otro para Europa y Oriente Medio con sus oficinas en Italia; uno para las Américas en los Estados Unidos (Red de Ecoaldeas de las Américas, ENA por sus siglas en inglés).

En años más recientes nuevos proyectos eco-comunitarios biorregionales se han afiliado a GEN, como la Asociación Gaia de Argentina; la Ecoaldea Huehuecóyotl de México; el International Institute for Sustainable Future en Bombay, India; la Sirius Community en Massachusetts, la red de ecoaldeas del movimiento de paz Sarvodaya, inspirada por el modelo de Ghandi localizadas en Sri Lanka en el Sudeste Asiático, una oficina en Turquía en conjunto con el Movimiento Nacional de Kibutzes Verdes de Israel en el Medio Oriente que sumados a una gran cantidad de otros, se están integrando poco a poco la Red Global. Además de las reuniones de GEN anuales o bianuales, las distintas redes continentales realizan también encuentros periódicos para tomar decisiones autónomas con respecto a  las necesidades de las ecoaldeas ubicadas en cada biorregión

En su encuentro anual realizado en Ontario, Canadá,  en el otoño de 1998, la Red de Ecoaldeas de las Américas (ENA) optó por crear ocho sectores regionales en el continente, correspondiendo uno para Mesoamérica, con un miembro de Huehuecóyotl actuando como su representante provisional; otro para el Caribe; uno para el Este y otro para el Oeste de los Estados Unidos; uno para el Norte de América del Sur, con sede en la Reserva Integral Sasardi, en el Uraba Antioqueño de Colombia; otro para el sur del continente con dos representantes localizados en Argentina y Uruguay, uno para el Brasil y el octavo para Canadá.

Durante la reunión de ENA que tuvo lugar en Colorado, en el otoño de 1999, por la primera vez las ocho regiones tuvieron la oportunidad de enviar a sus representantes, para crear un Consejo Coordinador de Ecoaldeas en las Américas, cuyo propósito es el de fortalecer, vincular entre sí y ampliar el movimiento a nivel continental, y asegurar un mejor entendimiento y cooperación Norte-Centro-Sur.

Objetivos de la Red Global de Ecoaldeas

Algunas de las metas de GEN y por lo tanto de ENA, son las siguientes:

1.     Colaborar en el establecimiento de nuevas Ecoaldeas y el fortalecimiento, de las ya existentes, apoyando la integridad, sustentabilidad y evolución de las mismas.

2.     Creación de Centros de Capacitación en el diseño de Ecoaldeas y en la elaboración de programas y cartillas de difusión de sus propuestas, para crear estructuras sociales con niveles altos de calidad de vida, poco consumo y bajo impacto ambiental.

3.     Desarrollo de nuevas tecnologías apropiadas, recuperación de tecnologías tradicionales sustentables y de empresas y negocios verdes que se rijan por los valores que propone la ética de las Ecoaldeas.

4.     Detectar asentamientos a escala humana con una conciencia ecológica, y a individuos u organizaciones que estén encaminadas a transformarse o reconocerse como tales, para fortalecer las redes biorregionales, nacionales y la Red internacional de Ecoaldeas

5.     Recaudar fondos para nuevos proyectos, cursos, eventos, material didáctico, traducciones, oficinas, divulgación y extensión de la Red en el mundo.

6.     Participar e implementar reglamentaciones en el ámbito político que defiendan los derechos de la Tierra, como lo es  la  AGENDA 21.

7.     Apoyar a los participantes del movimiento de ecoaldeas en su crecimiento personal y su integridad profesional.

8.     Fortalecer la experiencia, entendimiento y conocimiento de nuevas formas de vida que permitan la armonía de los seres humanos entre sí y con las demás formas de vida existentes en la Tierra.


Criterios Básicos para el Diseño de un Proyecto de Asentamiento Ecológico y Sustentable

Los asentamientos de la mayor parte de la población en el mundo, tanto en zonas rurales como en las zonas urbanas, pueden clasificarse en: comunidades indígenas tradicionales, fincas o granjas aisladas de campesinos, veredas, aldeas, pueblos con sus barrios, ciudades de distintos tamaños y metrópolis o megalópolis.

Con excepción de un número cada vez más reducido de las primeras, esencialmente compuestos de una población que se dedica a la pesca, caza y en pequeña escala a la agricultura de subsistencia, y que conservan todavía una relación armónica y equilibrada entre sus habitantes nativos y su medio ambiente, y de las pequeñas comunidades agrícolas, veredas o aldeas que todavía no han sido demasiado contaminadas por la cultura dominante, la mayor parte de los pueblos, barrios y ciudades del mundo difícilmente podrían catalogarse como asentamientos humanos sustentables. A mayor densidad y tamaño, mayor grado de desorden, mayor consumo de recursos, mayores problemas sociales y ambientales y menor grado de conciencia ecológica de sus habitantes.

Tal aseveración puede fácilmente ser comprobada con una medición correcta de los niveles de contaminación y la calidad de los cuatro elementos componentes de toda forma de vida en nuestro planeta; el agua, el aire, los suelos y los tipos de energía utilizados en cada asentamiento humano.

Asentamientos ecológicos

Algunos criterios básicos para poder definir un asentamiento como ecológico, que sin ser necesariamente todos los existentes, nos pueden servir para darnos una orientación del grado de sustentabilidad del lugar en el que estamos o que queremos construir.

1.     Construcciones ecológicas o aplicación del concepto de bio/arquitectura para todo tipo de habitaciones, familiares y de uso comunitario tanto desde el punto de vista de los materiales utilizados, como de su localización, orientación, ventilación, termicidad, uso de tecnologías domésticas apropiadas y equilibrio en cuanto a la densidad de población que las habiten o utilicen.

2.     Uso de la Permacultura como la principal herramienta para el diseño de espacios, análisis y planeamiento del lugar, usos del terreno para optimizar su uso, observación de los patrones y ciclos de la naturaleza, áreas verdes protegidas y de reserva, áreas de alto y bajo impacto ambiental, planeación biorregional, corredores y senderos como partes integrales de un concepto de Urbanismo Ecológico Unitario. Mejoramiento de suelos, control de erosión y reforestación.

3.     Abundancia de calles peatonales y ciclovías, y calles estrechas y cerradas para evitar la afluencia de vehículos motorizados. Parqueaderos colectivos que incluyan servicios de partes, de reparación y de abastecimiento de combustible para los vehículos. Fomentar la investigación, producción y uso de transportes colectivos y no contaminantes, control efectivo de emisiones vehiculares, industriales y de empresas de servicios para mantener la calidad del aire.

4.     Sistemas energéticos renovables. Paneles y calefacción de agua solares, molinos de viento, plantas hidroeléctricas, geotérmicas, mecánicas, cuando es posible, y sobre todo conservación de energía. Reducción del uso de hidrocarburos y sustitución por combustibles más limpios como el gas natural, hidrógeno, alcohol, baterías solares y recargables, etc.

5.     Tratamiento biológico de aguas grises y negras, reutilización de las mismas en jardines y huertos, acuacultura y plantas acuáticas comestibles. Paisajismo comestible y estético en las áreas comunes,  drenajes naturales para aprovechar mejor el escurrimiento de las aguas de lluvia, cisternas y sistemas domésticos y colectivos de captación de las mismas, redes de distribución bien planeadas y mantenidas. Protección de manantiales, ríos, arroyos, costas y manto freático para evitar su contaminación. Substitución de sistemas de letrinas y fosas sépticas, por biodigestores, letrinas composteras o letrinas gato y otros sistemas alternativos. Uso de detergentes biodegradables y eliminación de fuentes de producción y uso de desechos químicos o radioactivos.

6.     Centros de acopio y programas eficientes de sensibilización y educación de la población para lograr un sistema de reciclaje apropiado. Separación de metal, vidrio, papel, baterías, telas, plásticos y compostas y reaprovechamiento de dichos desechos en la fabricación de artesanías, nuevos productos, reparación de aparatos, tiendas de segunda mano, etc. Ley de las tres “R”: reducción, reciclaje y reuso.

7.     Producción local de alimentos orgánicos, uso y recuperación de espacios comunales, corredores verdes, abonos orgánicos de las compostas para hortalizas, huertos familiares y comunales, viveros, panaderías, producción de conservas, apicultura, piscicultura, y cuando es posible, producción de leche, quesos, huevos y carne orgánica también. Protección de zonas de reserva de bosques primarios en las inmediaciones del asentamiento, regeneración y recuperación de zonas desertificadas. Restricción de producción y uso de substancias contaminantes en las zonas agrícolas: pesticidas, insecticidas, defoliantes, y regulación de plagas mediante métodos naturales para mantener la calidad de los suelos. Diseño de cortinas de viento y producción de árboles para leña y construcción.

8.     Economías sustentables. Impulso a las microempresas y empresas familiares, tiendas cooperativas de bienes y servicios, artesanías, financiamiento de campañas comunitarias de reforestación y recuperación de ríos y barrancas, sistemas de cajas de ahorro comunitarias, mercados del trueque, talleres colectivos, centros de acopio y reciclaje de materiales de construcción. Implementación del sistema de LETS (sistema de trueque e intercambio local) que permite un comercio de bienes y servicios sin uso del dinero, por medio de un esquema de créditos y puntos en una base de datos computarizada.  Impulso al diseño y utilización de tecnologías apropiadas y de bajo impacto ambiental.

9.     Organización comunitaria y administrativa. El concepto de escala humana permite una participación de todos los miembros de una comunidad y su compromiso responsable como partes integrantes del proyecto de Ecoaldea, Ecobarrio o Ciudad Verde donde habitan. De esa manera, la comunidad se apropia del proceso de toma de decisión por métodos democráticos como el consenso, entre otros, para planear la construcción de sus nuevos edificios, determinar sus políticas comunitarias, resolver sus conflictos y acordar sobre la prioridad de todo tipo de proyectos materiales para el beneficio común.

10.  Educación integral con énfasis en implementar programas y estrategias que enseñen a niños, maestros y padres de familia igualmente a relacionarse de una manera armónica y respetuosa consigo mismos, unos con los otros y con el medio ambiente. Implementación de formas educativas alternativas, casas-hogar y hogares comunitarios para madres que trabajan; talleres, escuelas de oficios, telesecundarias y centros de formación de adolescentes; recuperar los sistemas tradicionales de enseñanza entre aprendices y maestros, capacitación extramuros, becas e intercambios, centros de documentación, bibliotecas, videotecas.

11.  Centros comunitarios, clubes, jardines, parques, restaurantes y cafés para actividades artísticas, culturales, recreativas, deportivas y espirituales, ni sectarias, ni agresivamente competitivas y para todas las edades. Promoción de festivales, celebraciones, actividades deportivas, carnavales, desfiles, paseos organizados, bailes y ceremonias que en un contexto de respeto mutuo por la diversidad de pensamiento, creencias, gustos, permita una mejor calidad de vida de los habitantes del asentamiento.

12.  Centros de salud integral, que utilicen y estén abiertas a todo tipo de escuelas de medicina, alopáticas, bioenergéticas, homeopáticas y alternativas. Reconocimiento del saber tradicional indígena y de las nuevas terapias para diagnosticar, prevenir y curar enfermedades físicas, emocionales y mentales. Centros especializados y de rehabilitación para la mujer, [email protected] [email protected] y [email protected] [email protected] Centros de educación y prevención de la salud y la drogadicción. Lugares y personal entrenado para cuidar a las gentes de la tercera edad, y para prepararlas a tener una muerte digna. Jardines Zen y camposantos para el descanso final de los pobladores de la comunidad.

13.  Fomento del intercambio cultural dentro de la comunidad, con las comunidades vecinas y las de las distintas biorregiones y el resto del mundo a través de la radio y los sistemas de televisión comunitaria, periódicos y revistas locales, Internet y radio de onda corta, y mediante todo tipo de actividades culturales y deportivas. Apoyo mutuo en caso de desastres, participación en sus fiestas, etc. Igualmente con la creación de espacios comunitarios para albergar visitantes, posadas, hoteles, etc., y para impulsar, cuando las condiciones físicas y naturales del lugar son apropiadas, el Ecoturismo como fuente “limpia”  y cada vez más importante de ingresos  para la comunidad.


Escalas de los Asentamientos Humanos

Una posible forma de definir la escala de un asentamiento humano de acuerdo a la densidad de su población, buscando de mantener los criterios de sustentabilidad sería la siguiente:

Casa ecológica (urbana o rural). De 1 a 7 habitantes

Eco granja familiar. Entre 7 y 15 habitantes

Eco granja multifamiliar. Entre 15 y 50 habitantes

Ecoaldea intencional. Entre 50 y 500 habitantes

Eco barrio o ecourbanizacion. Entre 1000 y 3,000 habitantes

Eco pueblo tradicional. Entre 500 y 5,000 habitantes

Eco ciudad o Ciudad Verde (pequeña). Entre 5,000 y 50,000 habitantes

Eco ciudad o Ciudad Verde (mediana). Entre 50,000 y 500,000 habitantes

Eco ciudad o Ciudad Verde (grande). Entre 500,000 y 2,000,000 de habitantes

Metrópolis. Entre 2,000,000 y 10,000,000 de habitantes

Megalópolis. Más de 10,000,000 de habitantes

Las premisas para la existencia de una Ecociudad o una Ciudad Verde, de acuerdo a Tony Dominsky, especialista californiano en la planeación de las mismas, son: justicia social y prosperidad para sus habitantes y un ambiente natural saludable.  Pensar en una ciudad de más de 2,000,000 habitantes que pueda ser un asentamiento sustentable parece muy difícil de concebir, lo cual no implica que una metrópolis no pueda tener docenas de ecobarrios y de proyectos sustentables, y que mediante un proceso de multiplicación de los mismos pueda transformarse en un espacio vivible y que proporcione a sus habitantes una buena calidad de vida combinada con un bajo impacto ambiental.

Lo mismo puede decirse de las megalópolis, aunque sea aun más difícil de concebir los mecanismos apropiados para revertir sus procesos autodestructivos de crecimiento descontrolado. No olvidemos que una de las leyes de la ecología para tener una sociedad armónica y saludable es que “Lo Pequeño es Bello”, como lo indica el titulo y contenido del libro del filósofo y economista inglés E.F. Schumacher, publicado a mediados de los años ochenta.

La justicia social es la puerta de entrada a la sustentabilidad, ya que permite relaciones de confianza mutua y de cooperación entre los vecinos. La clave de la prosperidad comunitaria reside en la capacidad de crear empresas no competitivas y complementarias entre sí, que permitan que los insumos de las primeras provengan de la producción de las segundas, y que los desechos de las terceras, sirvan como insumos para las cuartas. Impuestos más altos a empresas contaminantes y consumidoras de recursos no renovables, e impuestos bajos y apoyos a las que fabrican artículos usando energías renovables y productos de reciclaje no contaminantes.

La salud humana y la salud del medio ambiente están directamente relacionadas, y por lo tanto, una mala salud del ser humano y de su medio repercuten en la salud de la economía y de la vida social de los mismos. Reducción, reuso y reciclaje siguen siendo las bases de una sociedad saludable y la concientización de estos principios esta comenzando a ganar aceptación en diversas ciudades del mundo.

Si bien no podemos todavía hablar de la existencia de una Ciudad Verde modelo en el mundo hoy en día, existen ciudades donde existen más espacios verdes que en otras, más ecobarrios o eco-urbanizaciones, corredores ecológicos, centros de reciclaje, empresas sustentables, organizaciones no gubernamentales ecologistas y mayor conciencia ciudadana que en otras. Como dicen los sabios chinos, un largo camino empieza con pequeños pasos, y lo principal para realizar un cambio, es antes que nada tener la confianza en que este es posible.

Las Ecoaldeas: El Desafío de vivir en Comunidad (Giovanni Ciarlo)

Robert y Diane Gilman en un estudio llamado “Las Ecoaldeas y Las Comunidades Sustentables” (1991) las definen así: “Asentamientos integrales a escala humana en los cuales las actividades humanas están benéficamente integradas al mundo natural de tal modo que apoye el desarrollo saludable y se pueda continuar exitosamente hacia el futuro indefinido”.

Existen miles de proyectos y grupos de gente que están actualmente sentando las bases para las ecoaldeas futuras, pero hay que señalar igualmente que ninguno de ellos puede decirse una verdadera ecoaldea sustentable, ya que esto implicaría haber resuelto una serie de conflictos entre los humanos y la naturaleza que se basan en la cultura del individuo y el bien propio sin darle suficiente importancia a la colectividad y el bien común. Estos son los hábitos sociales que las ecoaldeas pretenden cambiar.

Gran parte de ello está controlado por los medios de difusión cultural de cada nación, es decir la educación y los medios de comunicación, pero otra gran parte está basada en los conocimientos tecnológicos que los humanos hemos descubierto gracias a nuestro afán por saber cada vez más y la habilidad de preguntarnos las razones  que motivan los acontecimientos.

En las ecoaldeas se utilizan las tecnologías más avanzadas, tanto de comunicación como de organización social, entre otras, para explorar posibilidades ecológicas y sociales, los principios de cooperación, la libertad, los derechos humanos y naturales, practicando la democracia participativa del consenso.

El movimiento de ecoaldeas empezó en los años  ochentas cuando varias comunidades intencionales de la región de Dinamarca en Europa, empezaron a buscar más allá de los beneficios sociales ofrecidos por la copropiedad (cohousing) y otros modelos de habitación cooperativa y se empezaron a enfocar en el potencial ecológico de un nuevo diseño integral de los asentamientos humanos. Al notar que el desarrollo incontrolable de la industria, la explosión demográfica y la proliferación de armas de alta tecnología nos están llevando hacia una catástrofe sin paralelo: el calentamiento de la atmósfera, el hambre, la extinción acelerada de especies de plantas y animales, a las armas de destrucción masiva, se dieron cuenta que las ecoaldeas ofrecen una solución global a estos males, ya que la participación de las personas tiende a ser voluntaria, culturalmente sensible, democrática, espiritual, pacifista y en armonía con el mundo natural.

Las ecoaldeas trabajan de abajo para arriba, cambiando el estilo de vida del individuo hacia un equilibrio sustentable entre las necesidades humanas y ecológicas.

Las ecoaldeas combinan típicamente su base con tres dimensiones, i.e. la social, la ecológica y la espiritual. Algunas recalcan más una de ellas.

La Red Global de Ecoaldeas, ha desarrollado una Evaluación de la Sustentabilidad de una Comunidad para poder medir el nivel de cada uno de los elementos sociales, ecológicos, espirituales en su desarrollo sustentable. La Evaluación es un instrumento que se puede bajar del Internet en http://gen.ecovillage.org/activities/csa/Espanol/  y no juzga ni monitorea los esfuerzos de la gente, sino que los incita a hacer todo lo posible para vivir de manera sustentable. Además, les permite ver su propio avance dentro de un contexto objetivo.

En lo ecológico las ecoaldeas ofrecen soluciones prácticas frente a la crisis ambiental del planeta, comenzando con cambios del estilo de vida de la población, proporcionando así una forma individual y un camino cultural hacia una pronta transformación evolutiva. Para ello las ecoaldeas están desarrollando nuevos modelos de educación basados en una alianza entre maestros y aprendices en las que unos aprenden de los otros integrando la sabiduría y costumbres tradicionales de cada sociedad, con la permacultura y otras tecnologías apropiadas como: la producción orgánica de alimentos,  el reciclaje de desechos, la restauración ecológica y las energías renovables.

Entre las técnicas modernas se experimenta con el uso de la energía solar pasiva, fotovoltaica y eólica, áreas húmedas de filtración de aguas negras, construcciones de pacas de paja, bahareque, tierra compacta, maderas renovables, construcciones subterráneas ente muchas en experimentación.

El aspecto espiritual de las ecoaldeas se manifiesta en el profundo respeto por la naturaleza, donde el ser humano forma una parte íntegra de los ciclos naturales. También se dirigen a las dimensiones sociales, ambientales y económicas de la sustentabilidad de una manera humanista e integral, haciendo que las comunidades humanas formen parte del equilibrio ecológico. En este sentido, las ecoaldeas abren brechas en la sociedad, aprendiendo con la práctica y ofreciendo los cambios necesarios en las leyes y costumbres de uso del suelo, tasa de impuestos, códigos de construcción y en patrones sociales que apoyen el desarrollo sustentable.

El mayor reto que las ecoaldeas enfrentan, es el rediseño de su organización, tanto interna como hacia el exterior. Muchos grupos se apoyan para esto en el proceso de consenso para la toma de decisiones de manera más democrática y colectiva. También es importante organizar comités y celebraciones comunes como los rituales de transición que todos conocen. Todo esto toma un gran esfuerzo y mucha experiencia, sólo se pueden lograr con la práctica. No se trata de reinventar la rueda, pero sí de reunirse  regularmente, trabajar sobre el diseño común, probar las propuestas y celebrar lo sagrado juntos. Para esto se necesita un compromiso claro, una actitud de que “si se puede” y muy buen sentido del humor para formar las bases que los llevará al otro lado de la época pionera y a una vida comunitaria sustentable establecida firmemente en la práctica.

Una de las decisiones que las ecoaldeas tienen que tomar en su fase de diseño inicial, es si tomar el camino convencional de contratar servicios públicos, lo que ahorraría en planeación e investigación (recursos valiosísimos en sí), o dedicarse a desarrollar e instalar sistemas ecológicos sustentables con la mira a largo plazo pero que inicialmente resultan más caros y lentos. Por lo que las ecoaldeas deben también dedicarse a la recaudación de fondos y becas que les facilite la implementación de estos sistemas con el apoyo del gobierno y de fundaciones privadas. Esto es de importancia vital para el desarrollo de energías alternativas como la eólica, la solar, la hidráulica, de hidrógeno y otros diseños que pueden llegar a tener un costo bastante elevado.

Crear una ecoaldea de la nada no es nada fácil. Ni en la construcción de la infraestructura física, ni en fomentar una cultura que nutra de inspiración a todos sus miembros. Pero si visitáramos algunos de los proyectos ya existentes podríamos ver que empiezan a tomar su lugar poco a poco en la sociedad, y que cada tanto logran dar un paso más hacia la sustentabilidad.

Podríamos ver los hortalizas (siembras) orgánicas de donde se sacan abundantes verduras, granos, raíces, frutas y otros alimentos todo el año; los molinos de viento y agua y los módulos solares que producen energía eléctrica; las casas construidas de muchos materiales naturales y pocos materiales procesados como el cemento y los tubos de PVC; las cooperativas de coches que se comparten entre algunos miembros o todos y que además funcionan con diversos tipos de energías renovables como el diesel de aceite vegetal o con motores eléctricos. Notaríamos también la composta de desechos orgánicos y la restauración y reforestación de los bosques con plantas nativas. En algunas ecoaldeas se podrán ver nuevos bosques con abundante madera y leña de manejo rotativo y plantas que ayudan a rescatar el suelo de la erosión causada por la tala excesiva o por la introducción de animales de pastoreo. Muchas especies de flora y fauna han desaparecido tanto en las sierras como en los mares por el mal manejo de esos ecosistemas. Podríamos ver talleres artesanales que producen objetos de madera, velas, cerámica, varios tejidos, jabones y shampoos de hierbas y hasta la fabricación sustentable de papel. También se podría ver un vivero, un negocio vibrante de plantas orgánicas con métodos como la agricultura biodinámica e hidropónica así como algún café-bar, una tienda y un hostal para visitantes. Son lugares demostrativos ideales donde se pueden ofrecer cursos de capacitación en tecnologías renovables.

Sin embargo, con todo y el bajo costo de vivir en un lugar así, muchos no pueden ganarse un sueldo adecuado dentro de la estructura económica de las ecoaldeas debido a la falta de conocimientos comerciales o de ingresos colectivos. Muchos se ven todavía forzados a buscar empleo afuera de la ecoaldea y eso le quita un margen de sustentabilidad al proyecto. Además, para los que residen ahí es difícil escaparse del frecuente vaivén de los proyectos a medio construir, de las reuniones de planeación o de la constante ola de visitantes y gente curiosa. Entre los miembros de una ecoaldea se depende de ellos mismos para satisfacer sus necesidades básicas, como son las amistades, las colaboraciones con otros, los vecinos, el apoyo emocional y los aliados sociales. En situaciones multi-relacionales como estas, los desacuerdos y dificultades personales de los individuos pueden escalar a niveles de alta intensidad. Al principio es difícil juntar el suficiente número de gente para iniciar el proyecto, pero a medida que este  crece numéricamente,  todos los integrantes tienen  que adaptarse a la transición entre una pequeña comunidad y una aldea, a un proceso de consenso más amplio y a responder a demandas más fuertes propias del lugar en que habitan. La cuestión de cómo desarrollar una política que deje abierta la posibilidad de expansión, diversificación y libertad creativa y que a la vez sostenga una base de estructuras claras con la aceptación de todos, sigue siendo un tema que se debate a diario en las ecoaldeas.

Otro desafío es encontrar la estructura legal adecuada para el tipo de propiedad que se requiere. En muchos casos hay que inventar una fórmula que le sirva a la comunidad en particular, pero estas formulas no siempre caben dentro de las leyes y reglamentos del gobierno. Las labores y trabajos también se deben de tomar en cuenta, como una aportación a la comunidad y claro que nadie esperaría que una persona incapacitada salga a hacer trabajos pesados, pero tal vez si pueda hornear una galletas o hacer el café para los que están haciendo esos trabajos o para las reuniones. Lo importante es que todos tengan la posibilidad de aportar según sus habilidades reales. En algunos casos la intervención favorable de autoridades locales es necesaria para cierto nivel de desarrollo. Para ello también hay que desarrollar y cultivar buenas relaciones con el gobierno local de la biorregión que habitan. Por ejemplo, es difícil que los reglamentos de tenencia de tierra permitan el desarrollo de un proyecto habitacional utilizando materiales desconocidos, pero es posible, habiendo buenas relaciones, que las agencias locales interpreten tal reglamento de manera favorable para el proyecto. Si la ecoaldea demuestra que tiene buenas estructuras y que es una mejora a las estructuras vigentes, se puede generar un cambio significativo incluso en los códigos locales.

Las ecoaldeas entonces están enfocadas en crear asentamientos integrales sustentables en su manera de construir las casas, producir energía, distribuir y tratar las aguas, su ambiente social, salud, producción de alimentos, etc. Pero es frecuente que  los bancos y otras instituciones financieras no les dan préstamos para su desarrollo porque dicen que tienen que tomar en cuenta riesgos especiales debido al tipo de estructuras vitales propias de cada ecoaldea, como la co-propiedad o los sistemas no convencionales de producir electricidad, o los sistemas no convencionales de tratamiento de las aguas, etc. obligando así a los organizadores a enfrentarse con altas presiones económicas para sobrevivir.

Tampoco es necesario que siempre sean esfuerzos hechos por grupos de base, sino que en ciertos casos se está observando de propuestas que surgen de parte del gobierno hacia la comunidad. En el Japón por ejemplo, unos cuantos políticos locales y un empresario visionario formaron un grupo de ocho jóvenes profesionales; entre ellos hay campesinos, biólogos, arquitectos, jardineros, etc. para dar respuesta a la crisis ambiental y económica por la que está pasando el país y están creando una ecoaldea de 250 personas cerca de Kyoto; es la primera en su género en el Japón. Su propósito es buscar una solución a largo plazo para contrarrestar los aspectos negativos de la globalización económica y devolver el poder a las comunidades locales. Los políticos .. .se dieron cuenta que una sociedad conformada por ecoaldeas sería mucho más descentralizada, más dependiente de las energías rentables y menos dependientes de los hidrocarburos fósiles y de los grandes poderes que dan por resultado esa dependencia. En consecuencia vivirán en un mundo mucho más justo. Las ecoaldeas en este caso rescatan las profundas tradiciones de una cultura con base en la comunidad, en el respeto a la naturaleza y en la búsqueda del equilibrio y la armonía.

En el fondo las ecoaldeas reconocen que el problema que enfrenta la sociedad actual tiene sus raíces en la estructura misma de la sociedad, lo cual quiere decir que no se podrán resolver siguiendo al mismo patrón de siempre.


Subcoyote Alberto Ruz, representante de la Novena Región del Consejo Coordinador de ENA, miembro del Consejo Coordinador del Congreso Biorregional de las Américas, co-fundador de la ecoaldea de Huehuecóyotl y asociado a la organización internacional Ashoka desde el año 2002, es también fundador y coordinador de la Caravana Arcoíris por la Paz.
Después de 13 años de itinerancia por 17 países de las Américas, actualmente el Subcoyote Alberto Ruz reside de nuevo en la ecoaldea de Huehuecóyotl, y coordina un proyecto de formación de promotores de Ecobarrios en la ciudad de México, como parte del programa de Cultura Sustentable de la Dirección general de Cultura de  la Delegación de Coyoacán. La Caravana Arcoíris se mantiene activa llevando a su legendario  autobús “La Mazorca” a todo  tipo de eventos  sociales, culturales, foros , festivales, encuentros biorregionales, su enorme carpa de circo y un tráiler con una Muestra itinerante de cincuenta eco-tecnologías apropiadas, como parte de su proyecto eco pedagógico por distintas regiones de México.

CONTACTO

Coyote Alberto Ruz

Caravana Arcoíris por la Paz

Correo electrónico: This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it

Página web: www.caravanaarcoiris.blogspot.com

Dirección: Ecoaldea Huehuecóyotl AP.111, Tepoztlán, Morelos ZP 6252, México

Teléfono: 52-739-3955011

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