por el Subcoyote Alberto Ruz
Antes que nada, desearles a cada uno y una de ustedes que este ciclo de cuatro estaciones haya sido lo más creativo, productivo, divertido y provechoso posible, y agradecerles por sus respectivas labores en cada uno de los rincones de la Pachamama que se encuentren. Les escribo desde nuestra ecoaldea Huehuecoyotl en México, en una pausa en el camino y después de 11 intensos meses y medio de peregrinaje continuo con la CARAVANA, a través del Perú, Ecuador, Perú de nuevo, y hasta el norte de Chile, adonde nos encontramos en estos precisos momentos acampados en la ciudad de Iquique.
No puedo decir que haya sido un año fácil, ni a nivel personal, ni del colectivo caravanero, y mucho menos a nivel planetario tampoco. El fortalecimiento y las distintas ¨victorias¨ del Imperio son una prueba dura para todos los que nos encontramos en las diferentes zonas de resistencia, que estamos haciendo lo imposible por equilibrar los procesos de autodestrucción en los que gran parte de la humanidad se encuentra ciegamente inmersa, con nuestras pequeñísimas acciones por la paz, el respeto, la justicia social, la libertad, la belleza y la creatividad, la salud, la protección de la Pachamama y de sus pueblos y culturas originarias. El avance arrasador de la globalización, la hegemonía monocultural consumista, el neoliberalismo, de la psicosis de miedo al terrorismo y de las economías de guerra parecen cargarse cualquier intento de hacer algo bueno para la humanidad, la Tierra e incluso para uno mismo en nuestros intentos por no dejarnos tragar por la Matrix.
No por ello dejamos de hacer, cada un@ en su campo, lo que puede. La Caravana, también lo sigue y lo ha seguido haciendo en este su séptimo año de existencia y de peregrinaje por las tierras del Hemisferio Sur americano.
Iniciamos el 2003 en el norte de Perú, realizando una serie de actividades en el corazón de lo que un día fue el centro de desarrollo de la cultura Mochica, con el auspicio de Universidades, del Museo de Tumbas Reales del Señor de Sipàn, del Gobierno Regional de Chiclayo, los medios de comunicación locales y nacionales, y de muchos amigos y aliados de ONG`s, activistas, arqueólogos, artistas y chamanes de la zona. Cursos de permacultura, presentaciones espectaculares, acciones contra la guerra de Irak, convivencias y talleres con niños de barrios marginales, entrenamiento de nuevos caravaneros, son tan solo una rápida lista de las innumerables actividades que La Caravana realizó en los primeros meses del año.
Simultáneamente, desde Lima y Chiclayo, la convocatoria al LLAMADO DEL CONDOR, un Consejo de Visiones para la Acción Biorregional fue lanzada a los cuatro vientos, y con ello afirmamos nuestro compromiso por la difusión, organización, preproducción y celebración del evento durante el mes de septiembre, en una locación en la provincia del Cusco, en las cercanías de Machu Picchu. El reto fue desde el inicio grande, ya que no existía un antecedente de eventos similares en el país, ni tampoco grupos locales que supieran como incluirse activamente en el proceso de prepararlo, aparte de Comunidad Tewantinsuyo, y de sus organizadores, Mary Ann, Don Agustín y Paco en Lima, que nos brindaron desde el inicio su apoyo incondicional y hasta su conclusión. Si bien es cierto que muchos individuos en el Perú aportaron su entusiasmo, su experiencia, su tiempo y sus recursos para el LLAMADO, la verdad fue que carecimos de una red biorregional que junto con la Caravana, asumiera la responsabilidad de ser los anfitriones del evento. Y eso tuvo un costo muy fuerte para todos.
Aunado a esta dificultad, la legislación y la burocracia del Gobierno del Perú impidieron que la Caravana pudiese permanecer todo el año en su país haciendo imposible la labor que nos habíamos propuesto, -la de contactar, enlazar, y crear ese grupo semilla,- forzándonos bajo amenazas de decomisar nuestros vehículos, por cuestiones de visas y límites de permisos de importación temporal, a abandonar el país justo cuando nos encontrábamos en medio de la selva alta amazónica del noreste peruano, en la comunidad de san Roque Cumbaza, un pequeño poblado vecino a Tarapoto. En este sitio veníamos realizando un trabajo de talleres de educación ambiental con niños y jóvenes de las escuelas, con el supuesto auspicio de la alcaldía local, que nunca cumplió con su parte del compromiso, y con el incondicional y generoso apoyo de Annich Pachamama y su centro ecoturistico Hunab Kuh, quien acabó teniendo que asumir los gastos del largo y duro viaje y de la estadía de la Caravana en ese bellísimo rincón de la selva.
Debido a ello, tuvimos que retornar al Ecuador, lo que implicó no solo un gasto enorme de recursos, tiempo y energía para nosotros, sino el tener que permanecer fuera del Perú por tres meses, que habían sido originalmente planeados para preparar el LLAMADO. La estadía en Ecuador no fue por ello desaprovechada, ya que primero en la región del departamento de Loja, y sobre todo en el legendario poblado de Vilcabamba, conocido en el mundo como el Valle de la Longevidad, contamos con dos bases maravillosas, que nos permitieron y dieron el tiempo y espacio para trabajar intensamente en la producción de un DVD de la Caravana y de un programa piloto en video, con el apoyo de nuestros hermanos venezolanos Sylvia Briceño y Diego López y con la entusiasta colaboración del talentoso joven productor, también caraqueño, Hernán Salcedo.
La estancia en Vilcabamba me permitió dedicarle varias semanas a organizar y clasificar todos nuestros álbumes de fotos, que ya llegan a mas de 7,000 diapositivas, y de nuestros álbumes de relaciones publicas, año por año, para poder utilizar su información en nuestra página web, que en este año fue mejorada y actualizada para incluir en ella toda la información sobre el evento de septiembre en el Cusco. La oficina de la Mazorca fue también remodelada, y nuevos archiveros metálicos fueron adquiridos para proteger y conservar mejor toda la memoria de los viajes y labores que la Caravana ha realizado en estos años.
Durante el par de meses que estuvimos en Vilca, se impartieron docenas de talleres y cursos, y se montó de nuevo la obra La Serpiente del Arcoíris que llevamos a todo tipo de foros, con el auspicio del Ministerio del Medio Ambiente, de la dirección departamental de Derechos Humanos, impartiendo talleres para los jóvenes lojanos; de escuelas particulares y oficiales, y de las Universidades de Loja, adonde impartimos cursos de teatro, de diseño de permacultura, de ecoaldeas y de autoestima y valores. Nuestros principales aliados en esta región fueron la Fundación ecologista Colinas Verdes y su incansable y generosa directora Joy, y nuestros amigos Marcos e Irene del Jardín Escondido. Como en el Perú, los medios de comunicación ecuatorianos también nos ofrecieron su apoyo, documentando muchas de nuestras actividades y con ello ampliando su difusión, y acreditando de pasada nuestra labor por esas tierras hermanas.
Desde Cuenca, recibimos entonces la invitación a participar en un Festival Nacional para la Juventud, siendo contratados por la Municipalidad, a través de nuestro amigo y aliado, el Dr. Jorge Villavicencio, director municipal de cultura, y de Pablo Palacio, el principal organizador del evento, y con el apoyo incondicional de nuestras amigas de la Red de Mujeres Líderes del Ecuador y muy especialmente de la familia Balarezo.
La Carpa del Arcoíris fue levantada en el céntrico Parque del Paraíso, y la Caravana realizó un intenso programa de actividades para el publico en general, bajo el nombre VENTANA ABIERTA A LA UTOPÍA. Igualmente trabajamos para una Fundación para jóvenes discapacitados, CEPRODIS, impartiendo talleres y abriendo la carpa para que los chicos pudieran experimentar la vida del circo, de la creatividad y del juego. La lluvia y el frío fueron elementos muy duros durante nuestra estancia en Cuenca, pero fueron compensados con el calor de su gente, y en especial con la hospitalidad de la familia Balarezo y de la familia del Dr. Villavicencio, y en mi caso personal con la generosidad y el amor que desde entonces estoy recibiendo de Verónica Sacta y sus niñas, Caro y Maria . Tuve también la oportunidad de platicar con el Dr. Lázaro Vila quien me operó de la columna un año antes, para hacerme un chequeo general y comprobar que mis vértebras han soldado de manera correcta y que he podido recuperar la mayor parte de mis actividades y facultades físicas desde entonces, e incluso de la flexibilidad de mi cuello.
Durante nuestra estancia en Cuenca, recibimos casi simultáneamente las duras noticias de las muertes accidentales de nuestra hermana Marcela Boyè en Venezuela y del Duende, talentoso y carismático artista de la calle y ex-caravanero, quien estaba en ese momento encabezando el proyecto de Carreta para la Paz en Cali Colombia, con otros jóvenes que habían pasado un tiempo viajando con la Caravana.
Partiendo de Cuenca, el 22 de julio iniciamos nuestro largo y azaroso peregrinaje al Valle Sagrado de Urubamba, en la entrada del Camino Inka a Machu Picchu. Sin saber que sería probablemente la más dura etapa del viaje que la Caravana ha tenido que afrontar desde su partida, justo siete años antes, de la ecoaldea de Huehuecoyotl, el 18 de julio del 1996.
Nuestro vehículo principal, desde el punto de vista de sus funciones, el Sueñito, comenzó a dar señales de que su sistema de frenos tenia que renovarse, pues nos adentraríamos cada vez mas en las peligrosas carreteras de los Andes. Y desde Cuenca, pasamos por media docena de talleres, creyendo cada vez que habíamos resuelto los problemas de frenos de una vez por todas. Peregrinamos por talleres de Cuenca, Loja, Vilcabamba, Lambayeque, Lima, y finalmente el oasis de Huacachina en Ica tan solo durante las siguientes semanas, hasta el 24 de agosto.
A pesar de todas las dificultades que desde el principio del viaje enfrentamos, la Caravana tenía un compromiso ineludible, que era el de llegar a tiempo para preparar el arribo de los participantes al evento, y el montaje del campamento de la Aldea de Paz, para los centenares de gentes que acudirían al LLAMADO DEL CONDOR. Y con esto en mente, seguimos y seguimos andando al encuentro con nuestro destino.
Sabíamos que seria un viaje difícil, pero no anticipábamos cuanto. Recorrimos sin muchos problemas muchos kilómetros de desierto a lo largo de toda la costa del Perú, y luego legamos a la capital, Lima, que parece tener una de las peores famas del continente, como una ciudad gris, siempre gris, ruidosa, seca, sucia, violenta y atestada de gente. Y luego vendría el largo y empinado ascenso por los Andes hasta alanzar cumbres y paramos a mas de 5000 metros de altura, para llegar al Cusco. Y de ahí, localizar el Campamento Verónica, una incógnita para los caravaneros, adonde nuestras scouts, Liora y Mary Ann Eddowes habían hecho arreglos para levantar la Aldea de Paz.
Pasamos así por Lambayeque, hospedados en el Museo de Tumbas Reales por su credor, nuestro amigo el arqueólogo Walter Alva y su hijo Nacho; por Trujillo y la playa de Huanchaco, por los centros ceremoniales del Sol y la Luna, Chan Chan, las huacas chavin de Sechin, con su mausoleo y sus bajo relieves representando centenares de sacrificados, que parecen haber sido diseñados por graffiteros contemporáneos de Nueva York, hasta que finalmente se dio nuestra entrada triunfal al demencial tráfico de Lima, acompañados, milagrosamente, por unos ángeles aparecidos en la playa, Carlos y Cristina, quienes nos guiaron hasta nuestra base provisional en el campus de la Universidad Agraria La Molina.
Un par de semanas en Lima, fortalecidos por la llegada de la avanzada del Consejo de Visiones de México, Odin, Kena, Deva, Arun y Helida, que vinieron al Perú expresamente a ayudarnos a montar el campamento y los distintos consejos, y para encontrarnos con el equipo de Lima, coordinado por Liora y Mary Ann, para ponernos de acuerdo en los pasos necesarios, programa y prioridades antes y durante el evento. En Lima, aprovechamos para dar algunos recitales de danza hindú, talleres de introducción a la permacultura, participar en un Foro Universitario sobre el Globalismo, Medio Ambiente y Agricultura en la Universidad Agraria y para hacer presencia en los medios y dar publicidad al LLAMADO. Y para seguir trabajando en los frenos del Sueñito, que fueron reforzados con otros nuevos de aire, para ayudarlo a parar en las bajadas y subidas de los Andes.
Aprovechamos también para visitar un alucinante centro Hare Krisnas, en las afueras de Lima, un oasis bajo las dunas, junto al mar, llamado el Ecotrulis Ashram, con un diseño inspirado por los trulis italianos, los templos de la India, la arquitectura de Gaudi, y los materiales de construcción tradicional de adobe del Perú. Un verdadero centro comunitario piloto de permacultura, y agricultura orgánica, con su enfoque espiritual especifico, pero un sitio de una belleza excepcional que es ejemplar para quienes estamos construyendo ecoaldeas por el mundo.
Finalmente, el 23 de agosto partimos para el Cusco. Contando que necesitaríamos al menos una semana para llegar, lo que nos daría escasos 20 días para montar el campamento en las faldas del nevado del Verónica. Sin embargo, después de una noche de las Mil y una Noches en el oasis de Huacachina, y de una ultima reparación y revisión de los frenos del Sueñito, el 24 en la noche, al llegar a las primeras montañas y las primeras curvas en bajada del camino, a bordo de la Mazorca, que yo conducía al frente de la Caravana con Odin como mi copiloto, recibimos una llamada desesperada por la radio: ¨ACCIDENTE EN EL SUEÑITO, HAY HERIDOS, REGRESEN!!!!¨
A partir de esa llamada, el tiempo pareció desaparecer, y las cosas comenzaron a suceder de una manera como programada desde quien sabe cuando y no se sabe bien por quien. Regresamos unos cuantos kilómetros y en una curva nos topamos con una escena que aunque suene a lugar común solo puede describirse como dantesca. EL Sueñito atravesado a media carretera, con el frente materialmente metido bajo la cabina y la caja de un enorme carguero roji-blanco, las cuatro ruedas traseras como a tres metros de altura, sostenidas, aparentemente, por el trailer que carga nuestra carpa, ambos vehículos incrustados en la montaña, y en la penumbra, semi iluminada por las luces de los faros de varios camiones, toda la escena reflejada en un enorme charco de diesel, sobre el cual flotaban ropa, cd`s, libros, instrumentos de música, objetos personales, vestuario, ollas, comida, luces del teatro, bocinas del sistema de sonido, vidrios y pedazos de metal y de carrocería.
El Sueñito estaba completamente destrozado por delante, y tenía un agujero en el techo de un metro de diámetro, que no se acababa de explicar cómo se había hecho, y toda nuestra gente se encontraba en medio del desastre, cuidándose unos a los otros, pero reasegurándonos de inmediato al llegar: ESTAMOS TODOS VIVOS!!!. En el bus venían viajando 10 personas, incluido nuestro más pequeño caravanero, -Prem,- de un añito y medio solamente. En breves instantes los caravaneros que estaban bien, habían llevado a la Mazorca a los heridos y golpeados, para darles primeros auxilios, confort, rescue, un sitio limpio y seguro, y ya los demás estábamos ocupados en tres tareas. Ayudar al copiloto del camión que pegaba terribles alaridos y no podía salir de la cabina, atrapado por las piernas, entre el metal y la montaña, buscar la manera de quitar de en medio al Sueñito con cadenas, jalarlo con otro camión para poder liberar la cabina del cerro, y juntar y proteger nuestras pertenencias, pues ya estaban en torno nuestro varias docenas de personas, entre camioneros, curiosos, buitres y hienas humanas, policías, y paramédicos de una ambulancia que llego de Palpa, el pueblo mas vecino del sitio del accidente.
Desde las 8 de la noche, hora del impacto, hasta las 3 y media o cuatro de la madrugada, no se cómo pero en una acción telepática y sincronizada de la cual me siento realmente orgulloso de la actitud de cada caravanero, logramos despejar la carretera de las cosas rotas, limpiarla y ponerle tierra para evitar derrapadas, mover a un lado el Sueñito y el trailer y dejar a su cargo a tres caravaneros con fogatas para cuidar los despojos y prevenir a los que pasaran por el sitio del choque. Al mismo tiempo movimos todo lo que pudimos y al resto de la gente a un restaurante cercano que nos ofreció asilo por la noche, y llevamos a los golpeados al hospital local. Pudimos también arreglarnos con la policía para todos los tramites y las declaraciones necesarias, y para liberar a nuestro chofer, Edward, quien estaba completamente traumado, como era de esperarse, y para avisar a Lima de nuestra situación.
Los días siguientes fueron de una intensidad febril alucinante. Recoger todo lo recuperable del Sueñito, instalarnos en la casa de unas hermanas religiosas en el poblado de Río Grande, Palpa; mandar los restos del Sueñito a Lima con una grúa, ayudar a los dueños del camión, con quienes llegamos a un arreglo de ayudarlos a salir de la situación y de indemnizarlos con $5000 US por sus perdidas, asumiendo nosotros la perdida total de nuestro autobús, ya que no contábamos con seguros ninguna de las dos partes. La mayoría de nuestra gente salió pocos días después a Cusco, a 16 o 18 horas de distancia por líneas normales y después mandamos el trailer y la carga con un camión de carga rentado custodiado por un caravanero, quedando tan solo cinco o seis de nosotros para llevar la Banji y la Mazorca hasta nuestro destino.
Pero las vicisitudes no habían terminado. El viaje de Palpa a Cusco, nos tomó siete días, que para mi han sido los mas largos y difíciles de todos los años de peregrinaje con la Caravana. Jornadas interminables en los que por problemas mecánicos ahora con la Mazorca, tuvimos que arriesgar nuestras vidas, cada kilómetro de los casi mil que tuvimos que recorrer en esos días desesperantes. El motor se apagaba a cada instante, y por ello quedábamos absolutamente sin frenos, con la posibilidad de desaparecer en cualquiera de los barrancos que tuvimos que sortear, con caídas de hasta 4500metros de altura cada una.
Sin embargo, el viernes 5 de agosto, llegamos al mirador desde el que se domina la magnética, impresionante, mágica ciudad-capital del Imperio Inka, QOSCO, CUSCO la grande.
Dos días mas tarde, nos reagrupábamos casi todos los caravaneros disponibles, quedando solo algunos pocos en Cusco, para el trabajo de inscripciones y recepción de la gente. El punto de reunión fue el Centro Espiritual Inti Ayllu, originalmente fundado por gente de la Fraternidad Universal, específicamente por Domingo Díaz Porta, que cuando se escindió con su grupo MAIS de la GFU, dejó el sitio bajo la custodia de Don Vidal Ayal Sinche, quien desde 1982 viene realizando un importante trabajo d como guardián de la tradición andina, y construyendo un centro o tambo, para viajeros y caminantes de todo el mundo que andan en busca del conocimiento.
En el Inti Ayllu encontramos asilo, curación para las heridas físicas y emocionales fortalecimiento espiritual, y la presencia y apoyo incondicional de Don Vidal, incombustible, inagotable, como un modelo del guerrero-sabio para todos los jóvenes que andan en el camino de crecimiento, físico y espiritual. Ahí dejamos en bodega todo lo que no necesitábamos para la Aldea de Paz, y con todo lo demás salimos finalmente el 10 de agosto para la estación Piscacucha, final del camino de terracería, a orillas del río Urubamba, junto a la vía del tren y en el Km 82 del camino Cusco-Machu Picchu.
El 11 comenzamos a montar el campamento, dejando un grupo a colaborar con la organización en Inti Ayllu del Encuentro del Consejo Directivo de la red Global de Ecoaldeas, que por trámites de Liora, se había reunido en esos días, para participar también en el LLAMADO del Cóndor. Del 11 hasta la llegada de los primeros contingentes de gente al Campamento Verónica, el 18, no nos detuvimos de trabajar ni un instante, sin reposo y a un ritmo de 15 a 17 horas al día, en un sitio que nos ofrecía los mas difíciles retos, físicos, climáticos, geográficos que nunca, encuentro alguno, nos hubiera exigido. Solamente la visón que nos guió hasta el ultimo momento, y la fuerza de algunos verdaderos héroes de nuestros tiempos, veteranos y jóvenes guerreros y amazonas, logro que se cumpliera la hazaña. Si, la verdadera hazaña de tener listo el campamento a tiempo para realizar el evento.
La tarea fue a veces rayando en lo suicida. Tuvimos que cruzar por un cable de acero y una tabla de apenas un metro de superficie colgada de una polea y jalada por cuerdas a lo ancho del tumultuoso río Urubamba, todo el material para montar la carpa del Arcoíris, que pesa 1 y media toneladas, la carga de tres camiones de leña y madera para las cocinas, fuegos y temazcales, docenas de carpas, para consejos, recepción, salud, niños, talleres; material para construir letrinas, duchas, el techo de una pirámide gigantesca, y erigir en diez días todo ello: senderos, señalización, espacios techados por el sol inclemente en el día, el frío inclemente en las noches, y el viento inclemente día y noche. Al pie del nevado Verónica, con casi 6000 metros de altura, y en la embocadura del Camino del Inka, el sitio debió haber sido scouteado por gente con mas experiencia en campamentos, antes de ser aprobado por el resto de la Caravana. Pero la vida nos pone enfrente los retos que tenemos que afrontar, para hacer lo que tenemos que hacer. Ni mas ni menos. Así que a darle, y a seguir adelante!
Los días del 18 al 21 fueron otro maratón, también pobremente planeado, en los que los Caravaneros tuvimos que desplazarnos de nuevo a Cusco, (mas de tres horas de viaje) a realizar varias actividades culturales de promoción del LLAMADO, de ahí de nuevo al campamento Verónica, y de ahí a Aguascalientes, (viaje en tren) -otro poblado situado al final de la vía del tren, para realizar un ecofestival para sus habitantes, y de ahí, el día del equinoccio de primavera (hemisferio Sur) subir al magnifico, alucinante, maravilloso, indescriptible centro ceremonial de Machu Picchu, para realizar varios rituales para celebrar nuestra reunión y el inicio del LLAMADO. Y el mismo día, retornar por tren al campamento, para recibir a los primeros cientos de asistentes al evento.
El día 22, como planeado, tuvo lugar el circulo de bienvenida en el corazón de nuestra aldea temporal de paz. Y a continuación siete días y noches en los que ininterrumpidamente, mas de 700 personas provenientes de 34 nacionalidades distintas, acampamos, compartimos, bailamos, lloramos, reímos, nos curamos, nos enfermamos, aprendimos, enseñamos, comimos, defecamos, viajamos en ayahuasca y San Pedro, ofrendamos, sudamos en temazcal, compartimos lo mejor, todos de cada uno de todos los presentes. Un pow wow histórico, que alguna revista nacional peruana bautizó, el primer Woodstock andino. Ecologistas, ambientalistas, bioregionalistas, activistas sociales y ecoaldeanos juntos todos en un Consejo; curanderos, chamanes, lideres indígenas y de la nueva era, en otro Consejo; niños índigo, niños Arcoíris en otro; docenas de kines de todo el mundo que forman parte del Movimiento de Paz de Trece Lunas y su líder, José Argüelles, en otro; los artistas en otro; los jóvenes en otro más. Círculos de mujeres para ceremonias de luna, un circulo de danzantes concheros e hispanecas en otro con el Capitán Miyo de España en otro, y del otro lado del Urubamba el Consejo de la Rainbow Family con sus propios círculos y propuestas para el circulo mayor.
En esos días se crearon círculos de la emergente red biorregional del Perú, y de las redes chilena y colombiana también y se formó un círculo entre los organizadores del próximo LLAMADO DEL COLIBRÍ, que tendrá lugar en Brasil, para ponerse de acuerdo de cómo proceder de aquí hasta el año 2005. Y en otro circulo, por tres mañanas seguidas, nos reunimos los lideres de los distintos movimientos presentes, por primera vez congregados para ver qué podíamos compartir y en que podíamos coincidir en apoyar las futuras tareas de cada grupo, red, movimiento y de hacer algo bueno juntos por la Pachamama. Un circulo dentro del otro, sin principio, y sin final...como dice la canción.
Las dificultades se fueron poco a poco convirtiendo en retos, que cada quien tenia que enfrentar personalmente, y resolver colectivamente, con una buena disposición, y así fueron mejorando las cosas, hasta el momento en que como siempre sucede en estos eventos, después de tres días ya nadie se quería regresar a su casa. Los traumas de ir a una letrina colectiva, se transformaron en una obra de teatro del payaso francés Leo, para curarnos a todos del espanto cultural de tener que aprender a compartir esa intimidad con otros. El frío nocturno, compartido en grupo y en la gran carpa, amontonados todos para ver cada noche un programa artístico distinto, se fue convirtiendo en la alegría y orgullo de tener tantos talentos en la familia. La comida, para algunos monótona de papas y más papas, se transformó en la perfecta ocasión de compartir con todos las colas, los chismes, la información, establecer conectes, tejer las redes planetarias. Y así, la Aldea se fue creando, entre todos, y para el disfrute de todos.
Y así como todo comenzó, el 28 de septiembre, al atardecer, llego la hora de terminar el evento con un cierre espectacular, un círculo de centenares de personas tomadas de la mano, cantando, bailando y jugando como una serpiente humana en el valle, y con un cóndor y un águila volando sobre nosotros en el momento de prender el fuego con las palabras de agradecimiento. La magia del cielo y la tierra unidos en un instante, como una ventanita abierta a la utopía y al milagro, para que no se nos olvide. Para que sigamos bregando, para no perder la esperanza.
Al día siguiente comenzó el exilio, pero no para nosotros los Caravaneros. Todavía nos quedaban varias tareas importantes por realizar: Recoger el campamento, desmantelar todo, regresar cada cosa a su sitio, devolver lo prestado, limpiar hasta la ultima colilla, volver a llevar todo lo nuestro, toneladas de equipo, al Inti Ayllu, y prepararnos para nuestro propio Consejo de Visiones interno. Y para que no nos aburriéramos algunos, participar en una semana de encuentro de todos los representantes de la Red de Ecoaldeas de las Américas, de las cuales la Caravana y el Subcoyote, como su coordinador, forman parte.
O sea, que a seguir trabajando, sin ningún día de descanso. Poco después de terminar el encuentro de ENA, el 9 de octubre iniciamos en el Campo Verónica, el Consejo de Visiones de la Caravana, que duró hasta el 15 que nos movimos de nuevo al Inti Ayllu, para preparar nuestra salida de Perú y programar nuestros próximos pasos, en dirección a Chile. Justo en esas fechas, la situación en Bolivia, que iba a ser nuestra siguiente meta, se pudieron candentes, hubo violentos enfrentamientos armados, docenas de muertos en las calles, ataques a extranjeros, y como consecuencia cayó el gobierno federal, por lo que decidimos que no era el mejor momento para ir a ese país, y tuvimos por ello, que dirigirnos a Chile.
Sin embargo, el traslado no era fácil. Sin el Sueñito, nos encontramos con que no solo perdimos nuestra segunda nave, la mas grande, sino que nos quedamos sin espacio para nuestra cocina, sin ningún vehículo capaz de jalar el trailer con la carpa, sin el techo y las cajas que llevaban el equipo de teatro y todo el equipaje de 12 tripulantes, en fin, que sin casi la mitad de nuestra infraestructura, no podemos movilizarnos sin una ayuda exterior. Y sin una posibilidad inmediata de recuperarnos y conseguir otro transporte.
De cualquier manera, teníamos solo hasta el 27 de octubre, pues los permisos de los buses vencían en esa fecha, y sabíamos que el Gobierno Peruano es inflexible en ese tema. O nos vamos, o se quedan con lo que tenemos. O sea, que sin descansar de todo lo anterior, nos pusimos a seleccionar lo que se iba, lo que se vendía, lo que se regalaba, a reparar los vehículos restantes, la Toyota Banji, La Mazorca y la recién incorporada camioneta Luna de Annick, que llego de Tarapoto para probar suerte con la Caravana, y a mandar gente adelante a Chile para preparar nuestra llegada.
Una vez mas, tuvimos que rentar un camión carguero para llevarse carpa, cocina, docenas de cajas y nuestro trailer, hasta la frontera chilena, unos 800 kilómetros de viaje desde Cuzco hasta Tacna, y finalmente, la tarde del 22, los restantes nos pusimos en camino rumbo para Chile. Pasando por Pisac, el centro ceremonial de Pukara, la ciudad de Puno, y las playas de Pomata. Acampando una noche maravillosa a orillas del Titicaca y otra en un asilo religioso en Torata, después de bajar abruptamente de 4500 kilómetros hasta casi el nivel del mar, y finalmente llegar a la frontera: Tacna. El 27, a las doce de la noche, entramos a Chile.
Desde entonces y hasta la fecha, nuestras dos bases se han localizado en la ciudad de Arica, primero en el Centro Cultural El Tren, que conduce con mano fuerte la bailarina y trapecista Adriana Cataldo, y después en la Piscina Olímpica municipal, adonde se encuentra en estos momentos instalado nuestro campamento y la Carpa Arcoíris, sobre las arenas hirvientes de la playa Chinchorro, a tan solo 100 metros de las olas del frías del Pacifico.
En estos casi dos meses, nuestro enfoque ha sido en tres campos. Uno, la construcción a paso veloz de un trailer de 4x2x2, que Jasón diseñó, para fungir como nuestra próxima cocina comunal móvil y centro de energía solar, y que nos ha tomado un mes y medio de trabajar largas y duras jornadas para soldar las piezas del chasis, remachar el cuerpo con laminas galvanizadas, poner ventanas, puerta y techo, forrarlo todo con material para aislamiento térmico, poner cables y luces internas, construir unos ejes, conseguir rines y ruedas, mandar a hacer muelles de suspensión, instalar frenos, sistema de enganche, soportes....luces exteriores, perforar y poner miles de remaches para unir todas las laminas, pintar todo el chasis con liquido anti-corrosivo....etc, etc.
En segundo lugar, para impartir y recibir talleres, algunos de intercambio con artistas locales, y facilitar la carpa para presentar eventos locales e internacionales como un Festival de Teatro que hace poco tuvo lugar en ella, y un encuentro Inter.-fronterizo de mujeres, que se esta llevando a cabo este mismo fin de semana. Para contar con un escenario para presentar nuestras obras y para promover el encuentro entre grupos culturales de la biorregiòn.
Y en tercero, para fortalecer al actual grupo de tripulantes y a los recién incorporados, y prepararlos para la siguiente etapa el viaje, que según parece será a la ciudad puerto franco de Iquique, aun en la Primera región del Norte de Chile, adonde nuestra Carpa ha sido contratada para servir como espacio cultural para una Feria Nacional del Libro los meses de enero y febrero. Y para impartir talleres de zancos, malabares, trapecio, pintura de cuerpos y mimo a los asistentes.
De esta manera, el 2003 está llegando a su fin, momento en que he decidido tomarme unas vacaciones familiares aquí en México, para reencontrarme con mis cuatro hijos y mi nieto Arun, e irnos todos a las playas oaxaqueñas de Mazunte, ahí donde en el año 1993, tuvo lugar el segundo Consejo de Visiones, evento de enormes consecuencias para el futuro, y actual desarrollo ecoturístico del lugar.
Aprovecho también esta estancia en México para terminar el proceso de edición de mi próximo libro, HAY TANTOS CAMINOS, que la editorial Colofón publicará a principios del año 2004, y en la que recojo una serie de relatos y testimonios de los primeros seis años del viaje de la Caravana, que así, por la primera vez estarán juntos en una misma obra. Para compartir con los lectores, reflexiones, imágenes y sabores de las muchas experiencias que hemos y seguimos reuniendo por las rutas sagradas de las Américas. Los invito a buscarlos en las librerías cuando salga, y a apoyarnos de esta manera, siguiendo el peregrinaje con nosotros. Escribanos sus comentarios y si les gusta, recomiéndenselo a sus amistades. Gracias y sorry por el comercial!
De esta manera, voy cerrando este largo comunicado, sobre todo para aquellos que me han solicitado que los siga manteniendo al tanto de nuestros andares, y para decirles, que a pesar de que como habrán leído entre líneas, el año ha estado cañón, pues ahí seguimos...
Y si, de pasadita, sienten y pueden darse el lujo de darnos una manita, aun sabiendo que las condiciones para todos no son de las mejores, tenemos una cuenta de banco para recibir donaciones, ya que la Caravana se encuentra en estos momentos detenida por falta de un vehículo, y estamos lanzado una campaña internacional entre las redes de grupos y amigos a este proyecto, para solicitarles que nos ayuden a conseguir los fondos necesarios para comprarlo en los próximos dos meses en Chile.
El numero de esta cuenta de ahorro, a nombre de Alberto Ruz Buenfil, es 1199202749 de Bancomer, Sucursal 5653, Tepoztlan Centro, Morelos-México.
Gracias una vez mas, y reciban nuestros saludos mas calurosos, para todos y todas, en las cuatro direcciones, y con la esperanza de que el próximo ciclo nos traiga paz, armonía, buenas ondas y muchas realizaciones a quienes estamos haciendo algo bueno por la Pachamama, y todas nuestras relaciones. Y váyanse preparando, porque los esperamos en el LLAMADO DEL COLIBRÍ, en una fecha y sitio en Brasil aun por definirse, en el año gregoriano 2005. ¡Hasta entonces!! (continuará...)
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